«No es que pretendamos dominar sobre vuestra fe, sino que somos servidores de vuestra alegría, pues os mantenéis firmes en la fe» El Hijo de Dios hecho hombre es la medida del verdadero humanismo. Nada hay tan humanizador como el Evangelio de Jesucristo, y no hay fe adulta y madura si no está profundamente arraigada en la amistad con Cristo.